Promesa cumplida: los talibanes hacen realidad su juramento de azotar a mujeres en público
En marzo de 2024, el líder supremo Hibatullah Akhundzada se comprometió a azotar y lapidar a mujeres en público. Las organizaciones de derechos humanos contabilizan ya 2.745 personas sometidas a castigos corporales entre febrero de 2022 y abril de 2026, y la ONU afirma que 2025 batió todos los récords anteriores.
A los dirigentes se les suele reprochar que no cumplen sus promesas. No es el caso de Hibatullah Akhundzada. En marzo de 2024, el esquivo líder supremo de los talibanes anunció en un mensaje de audio, recogido por NPR, el regreso de uno de los recursos predilectos de su sistema de justicia: «Azotaremos a las mujeres... las lapidaremos hasta la muerte en público [por sus delitos]».
El movimiento ya consideraba los azotes y la lapidación castigos adecuados para faltas como educar a niñas pese a la prohibición de la enseñanza secundaria femenina, o el adulterio. Desde entonces, ha demostrado una constancia admirable.
Las cifras, cortesía de los talibanes
La Afghanistan Human Rights and Democracy Organization (AHRDO), una ONG que investiga violaciones de derechos humanos, contabiliza 2.745 personas sometidas a castigos corporales entre febrero de 2022 y abril de 2026, a partir de los propios registros públicos de los talibanes. Un informe de la ONU de marzo de 2026 cita al menos 1.110 flagelaciones el año pasado: «solo en 2025, más hombres y mujeres fueron sometidos a azotes públicos que en todos los años anteriores juntos».
Estos recuentos proceden de los casos que el Tribunal Supremo talibán publica en internet y de más de 500 comunicados de prensa. Los defensores de derechos humanos sospechan que hay más: los azotes en el acto, por ejemplo a mujeres que incumplen las normas de vestimenta, rara vez llegan a los registros judiciales.
Grabar está prohibido, pero los opositores filman con discreción y difunden las imágenes. MA, una activista afgana que solo dio sus iniciales por miedo a represalias, compartió con NPR un vídeo que mostraría a una mujer azotada en la provincia de Kandahar. NPR no pudo verificarlo de forma independiente; los talibanes no respondieron a una solicitud de comentarios.
La justicia, al estilo talibán
«Los azotes son un aspecto importante de la administración de justicia a ojos de los talibanes», afirma Shaharzad Akbar, directora ejecutiva de la organización de derechos humanos Rawadari, una forma de «controlar y reprimir a la población». Samira Hamidi, de Amnistía Internacional, los califica de «herramienta de intimidación y control social».
Pequeño detalle: Afganistán sigue siendo parte de la Convención contra la Tortura, entre otros tratados. «Cuando algo se denomina castigo pero constituye en sí mismo una violación de los derechos humanos, no puede considerarse un castigo legítimo ni justicia», señala la abogada Haydee Dijkstal, con sede en el Reino Unido, que aportó el análisis jurídico del informe de la AHRDO. En los casos documentados, nadie contó con una representación legal adecuada, una defensa o siquiera la oportunidad de hablar ante el tribunal.
Quiénes acaban bajo el látigo
Las mujeres y los grupos marginados, entre ellos la comunidad LGBT, se llevan la peor parte, acusados de «delitos» como aparecer en público sin un mahram (tutor masculino), mantener relaciones homosexuales o extramatrimoniales, o «huir» del hogar. Defenderse apenas es posible: desde 2021, los talibanes han destituido a unas 270 juezas y a cerca de 1.500 abogadas colegiadas. Afganistán ya no tiene juezas, fiscales ni abogadas registradas oficialmente.
- Caso PF003: una mujer que vestía un abrigo largo en lugar de un burka fue detenida en un bazar, golpeada hasta sangrar por la cabeza y condenada a 15 latigazos.
- Caso PF006: una mujer con discapacidad intelectual fue detenida en su jardín y violada en un puesto de control talibán, según contó su familia a la AHRDO. Cuando presentaron una denuncia, fue encarcelada por «mantener una relación fuera del matrimonio»: veinte latigazos y dos meses de prisión, donde sufrió lesiones que pusieron en peligro su vida.
El espectáculo continúa
Los supervivientes describen el ostracismo y las dificultades para recibir atención médica. Akbar se interroga también sobre el público: «¿Qué dice de alguien que haría cola para ver cómo golpean a otro ser humano?». Hamidi advierte de que esto «normaliza la violencia y fomenta el miedo y la autocensura».
Los talibanes no durarán para siempre, pero ¿y si no logramos romper esta cadena de trauma, ira y resentimiento que están inculcando en las comunidades?— Shaharzad Akbar